LA GULA
Comida, ¡qué asco!
Montones de vísceras
que van por tu esófago.
Cadáveres fétidos
que se presuponen
dar vida a tu cuerpo.
Y que, inanimados,
podridos, corruptos,
los vas masticando.
¡Son muerte, son muerte!,
¡y cuando los comes
en ella te vuelves!
Jesús María Bustelo Acevedo
El Amigo del Hombre
EL AMIGO DEL HOMBRE
Le quitaron la correa,
lo sacaron de paseo,
lo metieron en un coche,
lo arrancaron y se fueron.
El mimado de la casa,
con su piel de terciopelo,
más tranquilo que una estatua,
pero fiel como Canelo,
"¿dónde vamos?", se decía
en su lenguaje de perro,
"si el sol duerme todavía
y todo se ve tan negro..."
Y, de repente, el vacío,
y un gran golpe contra el suelo...
¡Mejor amigo del hombre,
qué caro te costó serlo!
Jesús María Bustelo Acevedo
Le quitaron la correa,
lo sacaron de paseo,
lo metieron en un coche,
lo arrancaron y se fueron.
El mimado de la casa,
con su piel de terciopelo,
más tranquilo que una estatua,
pero fiel como Canelo,
"¿dónde vamos?", se decía
en su lenguaje de perro,
"si el sol duerme todavía
y todo se ve tan negro..."
Y, de repente, el vacío,
y un gran golpe contra el suelo...
¡Mejor amigo del hombre,
qué caro te costó serlo!
Jesús María Bustelo Acevedo
¡Qué grande es España!
¡QUÉ GRANDE ES ESPAÑA!
¡Qué grande es España, qué grande!,
para todo aquel que la tenga
o el que no la tenga y se venga
y a todas sus sendas las ande.
¡Qué grande es España! Galicia,
con ese misterio tan hondo
que llega del alma hasta el fondo
como una perenne caricia.
¡Asturias! Que calle o que hable
quien goce en sus cumbres eternas,
y clave en las suyas, internas,
la cruz de su biblia y su bable.
Ornada del tenue chubasco
o el pálido sol donostiarra
y siempre abrazado a Navarra
se ve el pueblo mítico vasco.
Y al norte a la diestra, la hermana
de gente sencilla y valiente,
tan plácida e independiente
cual la brava mar catalana.
¡Qué primaveral la presencia
perenne y perenne la playa
de aquella que nunca nos falla
por su gran valía, Valencia!
Bañada de luz y de trova
sabrosa se muestra Natura,
cual toda la huerta asegura
en torno a la Cartago Nova.
Que no se me olvide el pilar
de nuestra preciada nación,
la maña de España, Aragón,
que nadie podrá derrumbar.
El alma, ni extrema ni dura,
del conquistador extremeño
conquista la nuestra en su empeño
con su sobriedad y ternura.
¡Qué importa el pasado y la gloria
allá donde Bécquer, Machado
y todos los que la han amado
hallaron la paz que da Soria!
Antes que me llegue la muerte
y el río en su mar se recoja,
amén de beberte, Rioja,
de verte quisiera la suerte.
¿La suerte? No creo en ninguna,
que no inventa reyes ni parias;
tan sólo en las Islas Canarias
se puede encontrar la fortuna.
¡Que viva la gracia, el salero
y el duende del pueblo andaluz,
que lleva en sus ojos la luz
del alma dichosa!, ¡te quiero!
¡Oh España de Sancho y Quijote
que vence al titán hasta en sueños,
no logran los torpes empeños
ni en ellos que se te derrote!
La España del Sol y del Cid
que bate a la muerte en su duelo
y abraza triunfante ese Cielo
que siempre comienza en Madrid.
Un Cielo sublime que expande
mi España sin celos patriotas,
sin rosas ni azules gaviotas...
¡Qué grande es España, qué grande!
Jesús María Bustelo Acevedo
¡Qué grande es España, qué grande!,
para todo aquel que la tenga
o el que no la tenga y se venga
y a todas sus sendas las ande.
¡Qué grande es España! Galicia,
con ese misterio tan hondo
que llega del alma hasta el fondo
como una perenne caricia.
¡Asturias! Que calle o que hable
quien goce en sus cumbres eternas,
y clave en las suyas, internas,
la cruz de su biblia y su bable.
Ornada del tenue chubasco
o el pálido sol donostiarra
y siempre abrazado a Navarra
se ve el pueblo mítico vasco.
Y al norte a la diestra, la hermana
de gente sencilla y valiente,
tan plácida e independiente
cual la brava mar catalana.
¡Qué primaveral la presencia
perenne y perenne la playa
de aquella que nunca nos falla
por su gran valía, Valencia!
Bañada de luz y de trova
sabrosa se muestra Natura,
cual toda la huerta asegura
en torno a la Cartago Nova.
Que no se me olvide el pilar
de nuestra preciada nación,
la maña de España, Aragón,
que nadie podrá derrumbar.
El alma, ni extrema ni dura,
del conquistador extremeño
conquista la nuestra en su empeño
con su sobriedad y ternura.
¡Qué importa el pasado y la gloria
allá donde Bécquer, Machado
y todos los que la han amado
hallaron la paz que da Soria!
Antes que me llegue la muerte
y el río en su mar se recoja,
amén de beberte, Rioja,
de verte quisiera la suerte.
¿La suerte? No creo en ninguna,
que no inventa reyes ni parias;
tan sólo en las Islas Canarias
se puede encontrar la fortuna.
¡Que viva la gracia, el salero
y el duende del pueblo andaluz,
que lleva en sus ojos la luz
del alma dichosa!, ¡te quiero!
¡Oh España de Sancho y Quijote
que vence al titán hasta en sueños,
no logran los torpes empeños
ni en ellos que se te derrote!
La España del Sol y del Cid
que bate a la muerte en su duelo
y abraza triunfante ese Cielo
que siempre comienza en Madrid.
Un Cielo sublime que expande
mi España sin celos patriotas,
sin rosas ni azules gaviotas...
¡Qué grande es España, qué grande!
Jesús María Bustelo Acevedo
Fin del Mundo
FIN DEL MUNDO
¡Ya se me ha acabado el mundo!
Ya no hay tiempo ni hay espacio,
se acabó, y aquí y ahora
es la nada lo que abrazo.
¡Profecías que eran ciertas!
¡Augurios que no han errado!
¡El mundo que compartimos,
dichosos, ha terminado!
El edén que se ofrendaban
mutuamente nuestros labios,
¡un intruso apocalipsis
en infierno ha transformado!
¡Que se queden con su mundo
los ridículos humanos,
que el de los dioses que fuimos,
sin tu amor, ya se ha acabado!
Jesús María Bustelo Acevedo
¡Ya se me ha acabado el mundo!
Ya no hay tiempo ni hay espacio,
se acabó, y aquí y ahora
es la nada lo que abrazo.
¡Profecías que eran ciertas!
¡Augurios que no han errado!
¡El mundo que compartimos,
dichosos, ha terminado!
El edén que se ofrendaban
mutuamente nuestros labios,
¡un intruso apocalipsis
en infierno ha transformado!
¡Que se queden con su mundo
los ridículos humanos,
que el de los dioses que fuimos,
sin tu amor, ya se ha acabado!
Jesús María Bustelo Acevedo
La Naturaleza
LA NATURALEZA
No entiende la Naturaleza
de aquellas cosas de los hombres,
de su alegría o su tristeza,
de sus gobiernos o sus nombres.
Ellos no son más que pedazos
de su infinita potestad
que retozando en sus regazos
gozan su breve libertad.
Si ella bosteza o se divierte,
sabe el Demonio o sabe Dios,
que ante el dolor o ante la muerte
algunos de ellos van en pos.
No entiende la Naturaleza
ni de moral ni de derechos,
ella se envuelve en su belleza
y se alimenta de sus pechos.
Jesús María Bustelo Acevedo
No entiende la Naturaleza
de aquellas cosas de los hombres,
de su alegría o su tristeza,
de sus gobiernos o sus nombres.
Ellos no son más que pedazos
de su infinita potestad
que retozando en sus regazos
gozan su breve libertad.
Si ella bosteza o se divierte,
sabe el Demonio o sabe Dios,
que ante el dolor o ante la muerte
algunos de ellos van en pos.
No entiende la Naturaleza
ni de moral ni de derechos,
ella se envuelve en su belleza
y se alimenta de sus pechos.
Jesús María Bustelo Acevedo
Cosas que he visto
COSAS QUE HE VISTO
He visto muchas cosas:
una pulga que baila,
un pedo que se quema,
un cadáver que habla...
y que si contradices
lo que dice te aplasta.
He visto muchas cosas:
un libro sin palabras,
un político honesto,
una ramera santa,
un catalán gracioso,
un andaluz sin gracia,
un cochino limpísimo,
una silla sin patas,
un sordo que te escucha,
un mudo que te habla,
un ciego que te mira,
un loro que se calla,
mañanas tenebrosas,
brillantes madrugadas,
las almas invisibles,
la carne de la Nada,
y he visto terminarse
lo que jamás acaba.
Jesús María Bustelo Acevedo
He visto muchas cosas:
una pulga que baila,
un pedo que se quema,
un cadáver que habla...
y que si contradices
lo que dice te aplasta.
He visto muchas cosas:
un libro sin palabras,
un político honesto,
una ramera santa,
un catalán gracioso,
un andaluz sin gracia,
un cochino limpísimo,
una silla sin patas,
un sordo que te escucha,
un mudo que te habla,
un ciego que te mira,
un loro que se calla,
mañanas tenebrosas,
brillantes madrugadas,
las almas invisibles,
la carne de la Nada,
y he visto terminarse
lo que jamás acaba.
Jesús María Bustelo Acevedo
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