Margarita y Fausto

LA INFAUSTA MARGARITA

Lucifer, Mefistófeles y Dios
charlaban distendidos sobre Fausto,
aquel que rima con ese holocausto
del que luego Alemania anduvo en pos.

Al tal Fausto, una noche habiendo visto
el citado Mefisto,
en sus sueños dibuja
a la pérfida o venerable bruja,
tan dulce como amarga,
que encanta al imprudente,
cayendo enamorado de repente
de la preciosa Marga.

Pero Marga no es Eva,
es pura, tierna, santa,
así que Fausto de su mal se espanta,
huye y halla refugio en una cueva.

Mas, astuto, Mefisto,
burlándose de él como de Cristo,
junto a Marga lo lleva...

En la noche estrellada,
su amor no disimulan,
y, abrazados, copulan,
quedando Margarita embarazada...

Pero Fausto se va con los grotescos
y satánicos frailes
para perderse en bailes
viciosos y dantescos...

Ella mata al bebé, yendo a prisión,
y al poco la justicia la ejecuta,
y él, que lo observa, exclama fanfarrón:
¡tan sólo fue una puta!

¿Eso dijo el sujeto estrafalario?
¿O es sólo una invención del Adversario,
que hasta al vate seduce con su astucia,
como al pueblo alemán
pudo embaucar con esa lengua sucia? 
¡No te fíes, poeta, de Satán!
¿No recuerdas, iluso, a Magdalena,
la esposa del Señor?
¡A la misma condena
la condujo su inmenso y puro amor!
Por ello, Margarita,
femenino inmortal, eterna aurora,
que jamás se marchita,
fue de su amado Fausto redentora!

Jesús María Bustelo Acevedo

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