¡NO EXISTE EL CAOS! ¡EXISTEN LOS CAGAOS!
¡No existe el caos!
¡Existen los cagaos!
Si una piña del destino
en nada te ha alimentao
y a dejarte medio K.O.
sorpresivamente vino,
¡No existe el caos!
¡Existen los cagaos!
Y si buscando en la vida
saborear el cacao
ves que al cacao le han dejao
la o del final perdida,
¡No existe el caos!
¡Existen los cagaos!
Y si caminando tú
por el zoco o el sarao
sientes que estás bloqueao
y que no es en el Feisbú,
¡No existe el caos!
¡Existen los cagaos!
Jesús María Bustelo Acevedo
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Me dan miedo las mujeres
ME DAN MIEDO LAS MUJERES
Me dan miedo las mujeres...
Esas, tan desconfiadas,
que escrutan desde el infierno
las verdades de mi alma,
y ya ni sé si me ven
o ven sus propias miradas...
Me dan miedo, lo confieso...
Y aquellas, acomplejadas,
que se acercan con espasmos
y se marchan relajadas
pero llenas de rencor...
es decir, bien recargadas...
Las mujeres, tan bonitas,
que ni son medias naranjas
ni son la mitad del Cielo
porque el Cielo entero guardan...
Me dan miedo las mujeres,
maternales, animadas
por algo que no es del mundo,
aunque el mundo las atrapa...
Aquellas, tan compasivas,
con las compasiones falsas
que aprendieran en el miedo
y heredaran en la infancia...
Las otras, tan decididas,
que vienen con esperanzas
tan grandes como terribles
para sus propias entrañas...
Las que llaman a tu puerta
si la puerta está cerrada,
y que cuando se les abre
huyen aterrorizadas...
Y es el monstruo del que huyen
el de estas mismas palabras,
el que teme a las mujeres
que idolatra.
Jesús María Bustelo Acevedo
Me dan miedo las mujeres...
Esas, tan desconfiadas,
que escrutan desde el infierno
las verdades de mi alma,
y ya ni sé si me ven
o ven sus propias miradas...
Me dan miedo, lo confieso...
Y aquellas, acomplejadas,
que se acercan con espasmos
y se marchan relajadas
pero llenas de rencor...
es decir, bien recargadas...
Las mujeres, tan bonitas,
que ni son medias naranjas
ni son la mitad del Cielo
porque el Cielo entero guardan...
Me dan miedo las mujeres,
maternales, animadas
por algo que no es del mundo,
aunque el mundo las atrapa...
Aquellas, tan compasivas,
con las compasiones falsas
que aprendieran en el miedo
y heredaran en la infancia...
Las otras, tan decididas,
que vienen con esperanzas
tan grandes como terribles
para sus propias entrañas...
Las que llaman a tu puerta
si la puerta está cerrada,
y que cuando se les abre
huyen aterrorizadas...
Y es el monstruo del que huyen
el de estas mismas palabras,
el que teme a las mujeres
que idolatra.
Jesús María Bustelo Acevedo
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